Un
estado de la conciencia en el que la atención está dirigida hacia adentro.
Varias
veces al día, cada uno de nosotros entra en estado de trance hipnótico de
manera espontánea. No nos percatamos de ello, por lo común, pero al mostrar algunos
ejemplos creo que cada quien va a reconocer de qué fenómeno se trata.
En
un día típico, tengo que viajar en tren hasta el trabajo. Cuando logro
sentarme, si llego a tener esa suerte, tengo por delante siete u ocho
estaciones antes de llegar a mi destino. En cuanto el tren arranca, comienzo a
planificar la lista de los productos que necesito comprar a la vuelta para la
cena.
En esa especie de
diálogo interno, o imágenes, recuerdo que también debo comprar dentífrico, lo
que me lleva a recordar que pronto tengo que hacer una visita a mi odontólogo
para control, en ese instante asocio la figura de mi odontólogo con un paciente
al que me recuerda y pienso si ya se habrá decidido a dejar a su novia que no
para de gritar y que a su vez me trae la imagen de mi maestra de segundo grado
que bien podría haber sido agente de la Gestapo, justo en el momento en que me
doy cuenta que la próxima estación es la mía.
Una
de las sensaciones típicas que deja este estado “de
“navegar” en el interior, es la de distorsión del tiempo. Puedo
preguntarme cómo fue que se me pasó tan rápido el viaje o suponer que estoy en
el tren bala de Cristina... cada quien decidirá qué pensar respecto de esta
experiencia, que si bien es cotidiana, no deja de resultar un poco extraña. Los
viajes largos por rutas conocidas, entrar al ascensor, la charla aburrida de un
jefe o la retórica de la profesora de física suelen ser estímulos suficiente
para que en lugar de direccionar la atención hacia el exterior, la dirijamos
hacia dentro, suspendiendo, en mayor o menor medida, la reacción a los
estímulos que nos llegan de afuera.
Ahora
bien, ¿qué tiene esto que ver con la terapia?
El
fenómeno hipnótico permite que una persona establezca una especie de puente
entre recursos personales que se almacenan en su inconsciente, y la conciencia.
Como el trance se puede inducir, se puede generar artificialmente, lo usamos en
terapia para sumar herramientas que no están espontáneamente disponibles en la
conciencia, con lo cual alguien que, por ejemplo, no podía subir a un avión,
tenga lo que necesita para poder hacerlo. Lo que es imprescindible aclarar en
este punto, es que esto que intento describir, y que cada uno de nosotros vive
de una manera diferente, se trata de hipnosis ericksoniana.
Su
creador fue un terapeuta muy reconocido en el mundo, aunque en nuestro país
prácticamente no se hable de él. Fue médico neurólogo, profesor de varias
universidades en Estados Unidos y casi un prócer de la Universidad de Wisconsin,
que construyó un modelo terapéutico que casi podríamos denominar un metamodelo ,utilizable
y compatible con muchos enfoques psicoterapeuticos. Debo aclarar que no se
trata de la clásica hipnosis con la que trabajaron Breuer y Freud.
No
se trata de hacer conciente lo inconciente.
No
se trata de regresión a vidas pasadas, ya que, por lo que hoy sabemos de
neurofisiología de la memoria, ésta comienza a tener algún registro de
sensaciones a partir de cuarto mes de gestación.
Sí
se trata de que un paciente logre recuperar aprendizajes que por algún motivo
quedaron bloqueados o afectados en algún momento y no disponer de ellos se ha
vuelto inhibitorio. En los últimos 18 años vengo trabajando en mi práctica
clínica aplicando casi cotidianamente este modelo con excelentes resultados en
casos de fobias, de depresión, de T.O.C., stress postraumático, entre otros
muchos problemas.
Las
fobias, por ejemplo, se trabajan agregando recursos que son del propio
paciente, a los que él mismo accede y en ningún caso se “quita” ninguna
conducta o sensación o pensamiento, ya que todo esto forma parte del acervo de
recursos internos del paciente. Siempre se suman nuevas alternativas de
conducta que permanecían en la esfera inconsciente de la persona tratada y a
las que ahora puede echar mano, espontáneamente, en el momento que lo necesite.
Lic. Violeta Vázquez
Psicóloga
No hay comentarios:
Publicar un comentario